Mi mente nublada se encontraba, cuando por ahí la muerte se asomaba.
Pasaron las horas y con ellas los días.
Cuando un día sin mas mi mente la muerte dejó de rondar, y frente a mi se vino a plantar.
—Su tiempo a llegado, pues su vida ya ha pasado.
—Tan rápido se pasó. —dudé y pregunté —¿decirle adiós siquiera puedo?
Lo pensó, dudó y con una condición accedió.
—Llorar le no podrás, hasta un adiós pronunciar.
Vaya mi ingenuidad al aceptar, mi orgullo no se pudo negar.
Sin despedirme en vida, ella se marchó, y mi mente nublada se quedó.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario